Sentía que algo en mi interior me retorcía las entrañas.
No soportaba sentir tanto "desorden" mental y semejante sentimiento de culpabilidad. Me costaba convivir con un vacío y una tristeza tan grandes. A menudo imaginaba como mi cuerpo caía hacia el abismo y eso me producía una sensación de absoluta calma.
Mi cuerpo no me pertenecía. Me asqueaba observarme, y al mismo tiempo me obsesionaba. Pensaba que si me miraba directamente a los ojos podría encontrar algo de mí. Una señal, esperanza. A mí misma.
Era una niña solitaria y muy imaginativa. Necesitaba evadirme del dolor y de la soledad. Cómo me quemaba la soledad.
"Deberías estar muerta", decía mi voz interior.
"Eres algo malo y sucio", me repetía, día tras día.
Crecí sintiéndome nada. Con una incomprensión absoluta y con mucha rabia hacia mí misma.
Me dañaba. Era una niña que se torturaba psicológicamente. A veces sentía una profunda rabia que me asustaba hasta a mí misma pero me obligaba a reprimirla. Me devoraba desde dentro. Sentía rabia por otros, pero sobre todo por mí. Me veía inferior a los demás. Tenía un miedo exagerado al resto de personas, a salir al exterior, a ser quien demonios fuese.
Era una niña triste, sí, eso era yo.
También era una niña que siempre tenía una sonrisa en el rostro y a la que le encantaba escuchar a los demás y mediar en los conflictos. Una niña que se esforzaba en asumir un rol que no le correspondía. Una niña llena de amor. Contagiaba cariño, alegría y la gente se solía quedar perpleja por lo extrovertida y poco común que era.
Dos "partes" de mí opuestas. No habría sobrevivido sin esa parte que siempre aspiraba a mejorar. Sin esa parte de entrega.
Era una niña maltratada. Abusada. Usada en todos los sentidos. Eso era yo.
Dicen que sufrir tanto desde el principio es peor, que puede ser más peligroso y tener peor pronóstico.
Pues pese a todos mis altibajos cada año he ido entrenándome y prosperando en muchos sentidos (más de lo esperado), y qué orgullosa me siento de mí.
Luchad siempre. Por vosotros, por los niños que fuisteis y por la vida que merecéis.
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